¡Qué onda, familia gamer!
Como muchos de ustedes, mi vida es un caospadre: entre chamba, correteos y tratar de meterle goles a la vida, el tiempo para jugar se vuelve un tesoro. Pero neta, el mejor recuerdo que me queda es cuando podemos sentarnos los cuatro (bueno, a veces cinco, si la chamarra se une) a echar unas retas o a vivir una aventura juntos.
¿Cuál es la fórmula secreta?
Últimamente, le he dado un montón al Super Mario Odyssey con mis hijos. ¡Y neta, ha sido un hitazo!
Lo chido de este juego es que no necesitas ser un pro gamer para disfrutarlo. Mi hija de 6 años puede andar explorando los mundos con Cappy, mientras que yo me clavo más en encontrar todos los secretos y los power moons escondidos. Es esa mezcla perfecta de accesibilidad y profundidad que lo hace genial para todas las edades.
Más que solo picarle a los botones
Lo que más me gusta es cómo fomenta la creatividad y la resolución de problemas. Ver a mis hijos pensar en cómo usar las habilidades de Mario o de los enemigos para cruzar un nivel, o cómo me piden ayuda para descifrar un acertijo, eso no tiene precio.
Además, el modo cooperativo te permite que uno controle a Mario y otro a Cappy, lo que facilita la colaboración. Se aprende a trabajar en equipo, a comunicarse y hasta a esperar tu turno, ¡sí, como en la vida real!
¿A partir de qué edad?
Yo diría que desde los 6 o 7 años ya le pueden entrar sin broncas, obviamente con un poco de ayuda al principio. Los mundos son coloridos, llenos de vida y con personajes súper carismáticos que hasta mis morros más pequeños se encariñan al toque.
Así que ya saben, familia, si buscan una forma chida de conectar con sus hijos, de crear momentos épicos y de echarse unas risas mientras salvan el día, denle una oportunidad al Super Mario Odyssey. ¡Seguro les va a encantar tanto como a nosotros!
¡Nos vemos en la próxima aventura!